Perú 2 años después

El reencuentro limeño

Esperé exactamente 2 años y 3 meses para volver, de visita, al Perú. No lo hice antes por temas de estudios. Además, esperaba el momento propicio para que sea una temporada larga y muy importante como lo son las Navidades. Les voy a contar cuál fue “mi experiencia personal” de reencuentro con ese país que tanto queremos y cuáles son mis reflexiones al respecto.

Cuando aterrizaba el avión en el aeropuerto internacional Jorge Chávez de Lima, no voy a negar que se me cayó una lágrima. La ciudad seguía tan gris, tan nublada, tan tugurizada, que igual la adoré… hasta que salí del aeropuerto.

Vista del Callao desde el avión

Algunos me dirán: “Laritza, llegaste en plena época navideña, por eso la gente maneja de una forma desquiciada”. ¡No señores! ¡Así no juega Perú! ¿Por qué continuamos siendo bestias al manejar un vehículo? ¿Qué tiene de malo dar el pase a otro carro para que no se siga formando un atolladero del lado derecho? Podría pasarme días enteros contando todo lo que vi sólo saliendo del aeropuerto hasta mi casa. Pero aún así le sigo queriendo. Me gustaría saber qué pensarían los turistas de verdad, aquellos que pisan Perú por primera vez.

Reflexión #1: “Empieza por cambiar tú mismo, sé más tolerante y da el ejemplo. Hagamos una cadena del cambio por favor. Se los pido”.

Cambiando de tema. ¡Me reecontré con Barranco! Hasta ahora me sigue encantando. ¿Qué será? ¿Su espíritu y encanto bohemio, parecido al de Barcelona? Quizás.

En Barranco con una amiga

Los amigos en Lima y la comida

Por otro lado, vi a muchos amigos con quienes tenía pendiente una visita o una risa a carcajada. Lo necesitaba. Sentí que los había visto hace una semana. A algunos les brotaron más canas que a mí, pero después todo seguía igual en sus físicos, con excepción de sus proyectos personales. Conversaban de todo un poco y se reían de algo que yo no sabía, de algo que me perdí durante esos dos años. Por más que trataban de contarme lo acontecido, de todas formas no entendía el por qué de tanta risa. “Es que debiste estar ahí…”, me dijeron. Lo sé.  🙁

Comí despiadadamente todo lo que me servían a la mesa. El sabor del limón peruano es único en el mundo por ese puntito de acidez exacto que hace del ceviche un plato exquisito.

Ceviche en Lima

No sólo fue ceviche, sino también Pollo a la Brasa, Arroz chaufa, etc. Dios, podría seguir nombrándolos todos hasta reventar mis glándulas salivales. Mejor me detengo. ¡Qué lindo y rico es conversar y comer a la vez!

Finalmente, llegó mi novio de Barcelona y empalmamos una ruta osada desde el aeropuerto, junto con mi tío, pasando por San Martín de Porras hasta el centro de Lima. Le dije bien clarito: “Si quieres conocer el verdadero tráfico en una ciudad, a Lima debes ir”. Pobre, no se lo esperaba pero después de todo, llegamos a recorrer el Jirón de la Unión, visitar la Plaza San Martín, la Plaza de Armas de Lima, la Catedral de Lima y el tan bonito Congreso de la República, gracias a un gran amigo. Vi a unos cuantos señores de la patria pasar por mi lado, y entró en mí un ser demoníaco, que por momentos me provocaba gritarles: “¡Por favor, hagan algo por el Perú!”.

Reflexión #2: “Si regresas a tu país después de algunos años, no creas que el tiempo se ha detenido. Cada persona ha seguido su vida con o sin ti. Lo único que no cambia es nuestra comida exquisita”.

Fotos del Centro de Lima

El reencuentro piurano

Este punto es muy sensible para mí, pues mi familia nuclear y amigos de toda la vida están aquí.  Ese abrazo con los tuyos no tiene adjetivos con los cuales describir tanta emoción. Quizás es mágico.

¿Cómo encontré a Piura después de 2 años? Pues que avanza a pasos pequeñísimos. Con todo el potencial que tiene en recursos naturales, ya debería estar mucho mejor, en cuanto a infraestructura vial y urbana, que otras ciudades del Perú o inclusive de Latinoamérica. Pero algunas personas no lo ven, sobre todo nuestras dignas autoridades municipales y del gobierno regional que no ponen a disposición de su población todas las herramientas necesarias para una convivencia armoniosa y limpia.

Reflexión #3: “Y va de la mano con la reflexión #1. El cambio empieza por uno mismo. De locos es querer conseguir resultados diferentes con acciones iguales”.

Sea lo que sea, de todas maneras adoro caminar por la avenida Grau (claro está, ¡en verano no!) con mi sombrero de ala ancha hecho en Catacaos. Sentarme en una banquita de la Plaza de Armas comiendo un helado de El Chalán. Es simplemente el “estar ahí” lo que encanta. No sé si usted, amigo lector, siente lo mismo que yo cuando regresa a su ciudad después de un tiempo prolongado de ausencia.

Por otro lado, aproveché en visitar aquellas playas a las cuales nunca había ido y otras a las que ya había ido pero nunca hecho algo diferente. ¡Cómo me pesa en el alma no haber hecho todo esto antes! Por ejemplo, varias veces visité Colán y nunca fui a la iglesia San Lucas de Colán (¡y es el primer templo cristiano construido en las costas del Pacífico Sur por los evangelizadores españoles!)

Fotos en playa Colán, incluyendo la Iglesia San Lucas de Colán.

 

De Vichayito y Los Organos siempre estaré enamorada. Esta vez hice algo diferente. Subí a la tirolina o zipline en Máncora (Eco Fundo La Caprichosa). Lo recomiendo totalmente. Son 4 tramos, de los cuales, el primero tiene una longitud de 800 mts y un desnivel de 150 mts de altura. Super emocionante.

Las playas que nunca había visitado eran: Cabo Blanco, El Ñuro, Zorritos, Bocapán. Cada una tiene su encanto. Recomiendo totalmente el trayecto por la carretera de trocha entre El Ñuro y Cabo Blanco. Es un territorio seco, agreste y desolado frente al mar, pero hermoso.

Sin embargo, la playa que más me impactó fue Cabo Blanco, por varios motivos: el ceviche, las vistas al mar y su deteriorado “Fishing Club”. ¡En Cabo Blanco probé uno de los mejores ceviches de mi vida! La playa sola es muy bonita con los botes de los pescadores adornando el paisaje. Y lo que quedó del Fishing Club, aquel que fuera visitado en los años cincuenta por famosos de la talla de Marilyn Monroe, Paul Newman y el tan recordado Ernest Hemingway. Hay tantas cosas que se pueden hacer ahí… ¡tantas! Aquí una muestra de todo esto:

Vista al mar desde el Restaurante Cabo Blanco en playa “Cabo Blanco”

Reflexión #4: “Antes de salir de tu país para vivir en otro, procura conocer bien tu región. Créeme, después te arrepentirás”.

Finalmente, los reencuentros con más familiares y amigos se siguieron dando hasta un punto en que “pasó la euforia”, “todos volvieron a su rutina”, porque claro, todo continuó su rumbo mientras yo estaba en Barcelona. Por momentos me sentía desubicada, como si ya no fuera de ahí, como si ya no perteneciera a mi país…

…Sin embargo, ese sentimiento, a la vez, te empuja a volver a tu nuevo hogar con más fuerza, con más perseverancia en lo que haces y con más ganas de dejar en alto el nombre de tu país. De mostrarles a todos de dónde vienes, y que por sobre todas las cosas no tan agradables que pueden haber ahí, siempre existe gente como tu familia y amigos que hacen la diferencia, y tratan de hacer de este país un lugar mejor.

Reflexión #5: “Ama tu país por sobre todas las cosas. Tu identidad proviene de ahí”.

¡Hasta pronto familia y amigos! ¡Hasta otra vez! Fins ara!

Peruana en La Haya

 La Haya (Den Haag)

Recibí la invitación de una amiga de mi colegio. Cómo no aceptarla si iba a volver a ver también a su bella bebita. Y claro, también fui porque quería darle una segunda oportunidad a La Haya (Holanda)

La primera vez que fui fue en febrero 2016. Fue de pasada, pues esta amiga del colegio recién acababa de dar a luz. Entonces, junto a otra amiga del colegio, su compañera y mi novio decidimos viajar a Holanda para conocer Ámsterdam y conocer a la bebé en La Haya, aunque sea unas horas.

Mi primera impresión no fue tan buena, pues la vi oscura y fría (claro pues, ¡si vas en febrero hace frío!, con temperaturas de entre -1ºC a 3ºC) cuando paseábamos en el carro conociendo la ciudad. Sólo bajábamos de éste para tomarnos fotos en el Palacio de la Paz, el Parlamento Holandés y el museo Mauritshuis. Como verán queridos lectores…¡así no se conoce una ciudad!

Vista al Palacio de la Paz en La Haya
Vista al Palacio de la Paz en La Haya

Parlamento Holandés en La Haya
Parlamento Holandés en La Haya

Sin embargo, esta segunda vez que la he visitado por 5 días, y en mes navideño, el panorama cambia totalmente. Y es que es otra cosa caminar por sus calles con una persona local, perderte en la ciudad, pasear en bicicleta y con menos frío.

Cómo llegar a La Haya

Desde Barcelona puedes llegar en vuelos directos a Ámsterdam o a Rotterdam. Pero lo que sí me recomendó mi amiga es que vuele directo a Amsterdam (2 ½  horas de vuelo), a pesar de que Rotterdam está más cerca a La Haya según el mapa. Esto porque el transporte público de Rotterdam hacia La Haya no es tan fluido y adecuado. En cambio desde el aeropuerto Schipol de Amsterdam salen trenes cada 15 minutos aproximadamente.

Tomé el tren “Intercity” (costo del ticket sólo ida 8€) que me dejó en la Den Haag Centraal Station (estación de tren de La Haya, la central). Está en todo el centro de La Haya y desde ahí puedes tomar cualquier bus o tranvía hacia tu hospedaje seleccionado.

Den Haag Centraal Station (estación de tren de La Haya)
Den Haag Centraal Station (estación de tren de La Haya)

 

¿Qué hice en La Haya?

Primero recorrí una parte de la ciudad en bicicleta. ¡Qué tranquilidad pasear en bicicleta en La Haya a comparación de Ámsterdam! ¡En Ámsterdam es una locura! Pareciera que la gran mayoría de ciclistas estuviera Tour de Francia, en serio, van demasiado rápido y a algunos no les importa mucho el peatón (creo que tendré que darle una segunda oportunidad a Ámsterdam).

Al segundo día fui en tranvía (procura comprar un ticket de un día dentro del mismo tranvía por 6.50€) hasta la playa Scheveningen (última parada del tranvía 11 llamada “Stranweg).

 

Playa Scheveningen
Playa Scheveningen y yo

Playa Scheveningen y al fondo la noria
Playa Scheveningen y al fondo la noria

¡En esta playa vi uno de los atardeceres más bonitos de mi vida! En esta época del año, el sol se oculta a las 4:30 pm aproximadamente y su luz dibuja el perfil del muelle de Schevening (o más conocido como “The Pier”) de una forma casi artística. Al costado de éste se encuentra una bonita y gran noria, y también una especie de faro, al cual no pude subir por tiempo.

Vista a la playa Scheveningen desde el muelle
Vista a la playa Scheveningen desde el muelle

Atardecer en playa Scheveningen (estaba empezando a llover)
Atardecer en playa Scheveningen (estaba empezando a llover)

Debajo del muelle hay pequeños restaurantes y bares, ¡y arriba también! Definitivamente en verano debe ser muy bonito y divertido con la cantidad de gente que lo debe visitar. Mi amiga me cuenta que hasta hay dj’s poniendo música y buen ambiente en las tardes. ¡Agendado para volver en verano!

Vista desde el muelle al mar
Vista desde el muelle al mar

El otro lado del muelle The Pier y la playa Scheveningen
El otro lado del muelle The Pier y la playa Scheveningen

 

Dentro del muelle The Pier
Dentro del muelle The Pier

Dentro del muelle The Pier
Dentro del muelle The Pier

 

 

 

 

 

 

 

Visita rápida a Delft

Después de haber pasado el 3er día con mi amiga recorriendo los lugares que visité en febrero (ya con otros ojos y otro clima), el 4to día fue especial. Nos fuimos al pequeño pueblo de Delft.

Una de las calles de Delft y sus canales
Una de las calles de Delft y sus canales

Está ubicado a media hora en tranvía desde el centro de La Haya. Se caracteriza por sus callecitas y canales estrechos, y por una plaza grande llamada “Markt” donde destacan el Ayuntamiento de Delft y el templo Nieuwe Kerk.

Ayuntamiento de Delft
Ayuntamiento de Delft

Plaza Markt
Plaza Markt

Nieuwe Kerk
Nieuwe Kerk

¡Adoré este pueblo! Tiene un encanto especial, creo que es por ser pequeño. Las estructuras de sus casas casi homogéneas y angostas, con esos colores opacos contrastando con el blanco, las hacen únicas. También destaca por su cerámica azul (parecida a la china pero mejorada), y es así como verás varias tiendas donde venden todo tipo de menaje de casa hecha con esta cerámica. Hasta una silla especial, la más conocida de Delft!

Asiento de cerámica azul en Delft
Asiento de cerámica azul en Delft

¿Qué comí en La Haya?

Recomiendo 2 lugares a donde fui:

“Warung Mini” restaurante de comida de Surinam (aquí recorde que Surinam fue colonia holandesa). Su plato estrella, el “Saoto Speciaal”, que es una sopa picante con fideos, pollo, un huevo y perejil. Viene acompañado con arroz y yucas. ¡Es un levanta muertos total! Y para beber, ¡una bebida especial de jengibre!

Saoto Especiaal
Saoto Especiaal

Si te provoca pasta, como pasó conmigo, sugiero el “VIP o Very Italian Pizza”. ¡No había probado tan ricas pizzas caseras con masa delgada desde hace mucho tiempo!

 Mi último día 

Paseando por la calle Reinken (o Reinkenstraat), ¡nos dimos con la sorpresa de que había una feria navideña! De pueblo, con animales pequeños acompañando un nacimiento o belén ficticio, y varios artesanos y vendedores de regalos para la Navidad.

¡Había un pony!
¡Había un pony!

Mini feria navideña en La Haya
Mini feria navideña en La Haya

No podía irme de La Haya sin probar su ¡vino caliente de guindones! Ese vino sí que estaba buenísimo y potente. El frío se me pasó en el primer sorbo.

Papa Noel y yo en La Haya
Papa Noel y yo en La Haya

Había un Papa Noel que alegraba a los niños, y éstos se tomaban fotos con él. Pero los más felices eran los adultos que también hacían cola J. Yo También hice la cola y me tomaron una foto con él. Encantada estaba de tan bonito viaje con bastante espíritu navideño, que me sentí una niña más.

Fins ara! O mejor dicho: Tot ziens! (en holandés) 🙂